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Recordad leer antes de ir a dormir.

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Corre caballito de Marijose.-

lunes, 10 de febrero de 2014

Ernestina


En el rico fondo del mar vivía un pez payaso que cierta noche no podía dormir.
Salió de su casita camuflada por los corales de bellos colores y paseó tranquilamente sin pensar que la noche no era el mejor momento para hacerlo. Podía encontrarse con curiosos individuos de hábitos nocturnos.
Ernestina que así se llama el pez, pensó que tal vez si llenaba su barriguita podría conseguir dormir.
Cuando llevaba unos minutos nadando oyó una vocecita que le decía. ¿Dónde vas Ernestina a estas horas de la noche?
Ernestina miró y no vió a nadie y casi se asustó. Pero de repente  de debajo de la tierra, escondido como estaba, salió el  señor Cangrejo. No puedo dormir y tengo un poco de hambre. 

Daré un paseo le  dijo a Ernestina.


El señor Cangrejo pregunto. ¿Puedo acompañarte? Ya sabes que yo como por la noche, voy a buscar algún suculento bocado. ¿Puedo ir contigo? Y juntos siguieron el camino.
A los pocos minutos se  oyó otra voz que dijó: ¿Dónde van mis amigos a estas horas de la noche?
Vamos de paseo, yo no podía dormir y me entró un poco de hambre y el señor Cangrejo tampoco cenó aún. Dijó Ernestina.
El caballito de mar se unió al grupo y sin darse cuenta en un momento  llegaron hasta los acantilados de aguas profundas.
El señor  Cangrejo, exclamó:  “ yo ya estoy lleno y regreso a casa. "Tengo bastante sueño”.  El caballito dijó : “ Yo también iré a dormir". ¿Qué harás  tu?”.- Pregunto a Ernestina.
Iré un poquito más lejos, aún no tengo sueño y entonces. …
Ernestina  vió una ostra gigante y al pasar junto a ella se abrió y Ernestina no pudo evitar comerse su contenido, que sabroso estaba.
Ahora sí podía volver a casa. Se echó a dormir pero al rato algo le molestaba en la barriguita.
No sabía que podía ser. ¿Le habría sentado mal  la ostra?
Algo se movía dentro de él. Escuchó como una vocecita que decía “mama”,  “mama”.
 Ernestina se dió cuenta de lo que había pasado y rápidamente se dirigió a las aguas profundas.
Allí estaba la gran ostra,  triste, abierta de par en par.
Ernestina  se  puso a pensar cómo haría para sacar al pequeñín de su tripita, pero nada se le ocurría.
Entonces apareció un boqueroncito y le preguntó qué ocurría.
Al saberlo, decidió que la mejor manera era entrar por su boca dentro de la tripita de Ernestina y una vez allí dentro, hacerle cosquillas con su cola, empezaría a reírse, y al abrir la boca saldría todo el contenido de su tripita, incluido el bebe ostra.
Y así sucedió y en cuanto abrió la boca, bebe volvió con mama ostra que rápidamente se cerró para evitar cualquier otro susto.
Ahora si,  Ernestina  tenía mucho,  mucho,  mucho sueño. 

Era hora de irse a dormir.


María José Luque Fernández.