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Corre caballito de Marijose.-

lunes, 24 de noviembre de 2014

Una gatita llamada Nerea.- !Novedad!! Ya podéis escucharlo, No os lo perdáis.




Ocurrió cierto día que una gatita llamada Nerea salió a pasear y se internó sin darse cuenta pasito a pasito en el bosque cercano a su casita.

Hacía poco tiempo que Nere como la llamaban sus dueños se había mudado a una nueva casa, bastante distante de la anterior y todavía no conocía mucho la zona donde habitaba.


Aquel había sido un día muy aburrido, sus dueños habían estado terminando de ordenar y limpiar la casa. No le gustaban las mudanzas, siempre estorbaba, cajas por medio y ningún lugar tranquilo donde dormir. 

Decidió Nere salir a tomar un rato el aire y vaya, se encontró con un montón de cosas interesantes aunque algunas no demasiado agradables.

Nere era una gatita bonita, su pelo limpio gris perla, andaba con gracia, una patita detrás de la otra, contoneaba la cola con mucha elegancia. Un lazito rosa era la guinda para su aspecto cuidado y perfecto. A Nere no le gustaba nada en absoluto, cuando su dueña se lo colocaba cada mañana, ronroneaba con fuerza negándose, pero no conseguía nada. 
Estaba harta de los lazitos, sin exagerar tenía al menos uno para cada día del mes, distintos colores, muchos diseños. Su ama decía que estaba espectacular, que sabría ella de moda, que llevaba el pelo de color azul eléctrico y unos pantalones vaqueros con agujeros por todas partes.

Pues pasito a pasito sin darse cuenta casi se fue internando en el frondoso bosque, le gustaba, era un lugar tranquilo, sólo se escuchaba el trino de algunos pajarillos y algunas ramas y hojarasca que al pisar con sus patitas crujían. 

Oyó un pequeño murmullo, no sabía bien que podía ser, sin miedo continuó adelante buscando de donde procedía aquel pequeño ruido y de repente lo encontró.  ¡Agua! Tenía sed, que suerte había tenido al encontrar allí aquel agua. 

Nunca había visto tanta agua junta, era más grande que la piscina de su casa, pensó Nere. 

Se acerco con cuidado a beber y sin darse cuenta acabo dentro del río, aunque ella no sabía que aquello era un río. No se percato de que había un pequeño desnivel junto a la orilla que le hizo resbalar y caer.


Salio rápidamente agitando el cuerpo de un lado a otro para secarse, no paraba de maullar, estaba realmente enfadada con el agua, ¡claro!

Menos mal que era verano y hacía calor, sino hubiera cogido un resfriado, con lo molestos que son.


Continúo por el sendero un poco más y de repente se sintió cansada, las patitas le dolían. Llevaba mucho rato caminando. Decidió que era el momento de regresar a casa.

Nerea  volvió sobre sus pasos, pero se encontró con un pequeño gran problema, ¿Cual era el camino hacia casa? ¿Por donde se salía de aquel bosque?

Se empezó a poner un poco nerviosa, no le apetecía pasar la noche en un lugar tan obscuro y solitario como aquel. ¿Porque se le ocurriría ir solo allí? Tenía que haber obedecido a su dueña..- No salgas del Jardín le dijo.- 


Entonces, oyó unos ruidos extraños: Ji, jauuuu, ji  jauuu,  oinc oinc, cooo.. cooo., roo. ccoo". 

Retiró con cuidado unas ramas que tenía delante y les encontró: un burro, un conejo y una gallina, además de un conejo y unas ardillas.

La gallina enseguida reparo en la gata Nerea y se presentó rápidamente: .- Hola soy la gallina Silvia. ¿quién eres tú?.- 

Nere un poco sorprendida aún, casi tartamudeando dijo:.- Soy Nerea.- Y así uno tras otro se fueron presentando al resto de los animales. 

.- Yo soy la burra Enriqueta, Yo la cerda Elvira.- ¿Quieres jugar con nosotros?. 

¿Quieres jugar con nosotros?. Preguntaron casi al mismo tiempo todos.
Nerea les dijo que sí y les contó su pequeño gran problema. No sabía como volver a casa. Ellos le dijeron que no se preocupara, la enseñarían el camino de regreso.


Jugaron un largo rato en que toda clase de ruidos se oyó por el bosque.


Empezó a refrescar, la noche se acercaba, la luz ya casi no entraba en el bosque, así que tocaba recoger y marchar cada uno a su casa.

Acompañaron todos juntos a Nerea y la despidieron hasta pronto, mientras regresaban todos tranquilos a su granja.  

Nerea llegó  a su casa cansada pero feliz por haber encontrado nuevos amigos con quien divertirse, además gracias a ellos estaba sana y salva en el regazo del sofá, frente a la chimenea calentita.

No  dudaba volvería a encontrarse con tan singulares amigos.



Noelía Calvo Luque.-María José Luque Fernández.
Fotografías de internet, Banco gratuito de imágenes.